Se cierra la niebla. Agudizados oídos sangran cantos de sirena.

jueves, 7 de abril de 2011

Sala de espera.

A que venga él,
O ella, o lo que esta
por resurgir.

Tal aguja
con que pinchar
burbujas de indiferencias
institucionalizadas
vestidas con soterrada desidia.

Aspectos desestimados.
Quemada espada
del no ser lebrel
en medio de la nada,
bullicioso corretear
de papeles encriptados.
Susurros.

INERCIAS.

Un grajo, ¿y qué?
Ahí está.
Callado pero es,
luego dejará de estar
porque en el ser nace
la realidad.

Tristeza descarnada
al fondo de ventanales
abiertos a luz
de esperanza solitaria.

jueves, 10 de marzo de 2011

Vals

Ahhhh

Hay misterio en mis palabras
y a eso, podemos llamarlo sombra
que cobra forma
en una acaricia que recorre una costa,
dibuja la línea quebrada
de un esbozo
un adiós que vuelve cada noche

vaivén.

El ojo de Horus

Sana la herida
sellada de renovadas ventanas
al hombre y la mujer,
piel de constelaciones,
doce ojos
cinto de la vida,
rodea el nuevo amanecer.
Reflejo en el que se confunden,
imperfección: vida.

jueves, 3 de marzo de 2011

SÉPTIMA URBE

I. MARMOL.

Una tristeza corre al encuentro
de la acuarela.
Al fresco de un jardín piensa.
El vuelo de sus palomas
al levantar el viento
sus enigmas han construido
refugio de observaciones.



II. RESQUICIO.

El agua fluye
la piedra se agrieta
corre como llamaradas.
Busca y respira sediento de más.



III. HOMBRE.

El lomo arqueado
en gesto estoico.
Indiferente pica la sangre.



IV. SOCIO NUMERARIO.

El once le niega al doce su paso
y el trece aguarda venganza.
Manchada
enciende la mirada.
Es la madre como tierra.
Grita
su desdicha.



V. AVE.

Buenos días por la mañana
son un canto al respeto.
Desafiando a la par
que comedido en su divagar.
Encuentro.



VI. LA ÚLTIMA MORADA.

Arañas el laúd
Sangran dedos
lloran tus padres.

domingo, 6 de febrero de 2011

Pintando el burgo

Dos o tres momentos al día

pasamos por el derecho

camino al devenir.



Ida y vuelta al paseo de una

idea reflejada en los ojos de la

morada. Sentidos rotos por la

monotonía ciudadana.



Pasa la vida y ahí están, observando

nuestros pesares,

riendo y carcomiendo

nuestro gesto, otrora alegre cuando

creemos y cuando no, puede

que también.



Quedemos en que tal vez sí,

tal vez no. Tan solo

en la posibilidad, y partamos

a su encuentro.

martes, 3 de noviembre de 2009

Serie: los tres regalos de Sara. Capítulo 2.

Escurridizo y menudo.


- ¿Dónde estará la caña, madremia? - Volvio a preguntarse Gabriel sin esperar a que Violeta respondiese a la primera. Mientras Violeta se dirigía donde Gabriel revolvía las herramientas y demás cosas en la caseta a la espalda de la cabaña. Violeta creyó oir algo en los matorrales del lado de la cabaña. Continuó caminando y al momento volvío a notar que algo se movía tras los matorrales... ¡ pero esta vez alcanzó a ver un conejito arrastrando la caña!

- ¡Gabriel aquí! ¡Corre! - Violeta se reía por la graciosa escena que siguío. Ambos llegaron donde el pobre conejo se la veía y se las deseaba para llevar a su madriguera nada más y nada menos que una caña de tres metros de longitud. Bastante hizo llegando tan lejos con semejante carga para sus chicuelos hombros.

- ¡Ajajá! ¡Aquí tenemos a nuestro pequeño bribonzuelo! Jejeje, recuperaré mi caña. Al conejito, a la que llegó el alto hombre de la barba cobriza y anchas manos sonriendo de oreja a oreja, enseñando su fuerte dentadura, le entró un repentino mareo y tras tambalearse desplomó su cuerpecillo sobre la caña. Violeta se partía de la risa y Gabriel se quedó boquiabierto ante tan sorprendente reacción.

- ¡Te juro que...